El gay conservador y el futuro de las luchas LGBTI+

Diego Pérez Damasco
Periodista, activista LGBTI+, maestrando en la Universidad de Sussex, Reino Unido

En Costa Rica, como en muchos países latinoamericanos, los partidos de extrema derecha, así como los grupos fundamentalistas religiosos han asociado en su discurso a las personas LGBTI+ (lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersex y demás identidades diversas) y sus causas con los partidos que ideológicamente se encuentran a la izquierda del centro. Sin embargo, con la entrada en vigencia del matrimonio igualitario el próximo año, muchos hombres gais podrían tener todavía menos “incentivo” para movilizarse por los derechos de las demás poblaciones LGBTI+ y por los movimientos sociales en general.

Esto no es algo exclusivo de nuestro país. Tras la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina, Estados Unidos, Brasil y diversos países europeos, muchos hombres gais han pasado a militar en espacios de derecha o extrema derecha. El grupo “Gays for Trump” en Estados Unidos movilizó una importante cantidad de hombres gais en ese país a votar por el actual presidente, a pesar de su retórica transfóbica y xenófoba. Se estima que en Brasil casi un 30% de personas LGBT, principalmente hombres, votaron por el actual mandatario, Jair Bolsonaro, a pesar de su discurso abiertamente homofóbico, misógino y racista.

¿Por qué se da este fenómeno?, ¿y es inminente que suceda en Costa Rica? La respuesta a la primera pregunta pasa por un término académico que tiene muchas implicaciones en nuestras vidas cotidianas: la interseccionalidad. Un persona no es solo solo su orientación sexual. También es su género, clase económica, raza u origen étnico, origen nacional, origen geográfico, etc. En este sentido, los hombres gais representan, en general, el grupo más privilegiado de las poblaciones LGBTI+, particularmente los urbanos, blancos y de clase media. Este sector demográfico es el que en particular pareciera estarse moviendo más a la derecha, una vez que siente que sus derechos ya fueron garantizados.

En la campaña electoral de Costa Rica en 2018 se dieron algunos indicios de que esto podría estar ocurriendo en el país. Algunos hombres gais, activistas LGBTI+, militaron en partidos con discursos abiertamente antiderechos hacia la población LGBTI+ y a otros sectores sociales. Durante la segunda ronda, algunos inclusive formaron parte de la campaña y el electorado de Fabricio Alvarado, bajo el argumento de que la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre matrimonio igualitario e identidad de género no podrían ser incumplidas por el Estado costarricense, sin importar quien liderara el gobierno.

¿Solidaridad?

Aunado a este momento particular, en Costa Rica no existe una mayor articulación entre movimientos sociales. Si bien existe cierta relación entre los movimientos LGBTI+ y feminista, quienes mayoritariamente participan en ambos son mujeres lesbianas y bisexuales, pues ambas luchas les pasan por el cuerpo. Por ejemplo, la articulación con temas indígenas o sindicales es prácticamente nula.

Hay una frase que retrata muy bien la visión de mundo detrás de esto, en un artículo de The New York Times publicado en enero de esto año, titulado “For Gay Conservatives, the Trump Era is the Best and Worst of Times” (“Para los gais conservadores, la era Trump es el mejor y el peor de los tiempos”). El personaje principal de este reportaje, un joven gay de 23 años llamado Ben Holden, que se identifica políticamente a la derecha, dice en un momento: “Ser gay no es algo relevante en sí mismo, y por eso me niego a creer que eso debería dictar lo que pienso sobre el sistema de salud”.

Este tipo de pensamiento atomizado contrasta con los movimientos sociales del siglo XX, sumamente vinculados a los movimientos obreros y que creían en la solidaridad con otras causas, así como la solidaridad internacional. Realmente, para un hombre blanco de clase media o alta en un país que reconoce ciertos derechos para las personas gais, su orientación sexual es lo de menos, y políticamente puede pasar a comportarse como los demás hombres blancos de clase media de su círculo. Mientras tanto, las personas LGBTI+ de color o racializadas, pobres, mujeres, sí se ven afectadas directamente por la forma en que se maneja, por ejemplo, el servicio de salud en los Estados Unidos.

Después del matrimonio igualitario en Costa Rica

Conversando con el activista LGBTI+ Janekeith Durán sobre esto, su impresión es que desde después de la campaña electoral del año pasado hay un “resfrío en los movimientos sociales LGBTI”. “La campaña política fue un período sumamente desgastante, y hasta cierto punto traumatizante. Pasamos de un período en el que estábamos luchando por el reconocimiento de derechos, y luego a raíz de la campaña política, pasamos a un momento en el que estábamos luchando por no perder derechos”, me dijo.

Y unos meses después de la campaña, vino el reconocimiento en diferido del matrimonio igualitario por parte de la Sala Constitucional, lo cual, para Durán, ha generado una pausa en los movimientos sociales, pues la gran lucha por la que se estaba batallando durante años por fin se alcanzó. Esto podría dejar una falsa sensación de que no hay otros temas por los cuales luchar, lo cual disminuye la participación.

“Creo que como hombres gais nos hemos centrado en las luchas específicas nuestras, y en las luchas específicas en derechos LGBTI, hasta hace relativamente poco la concentración estaba en matrimonio igualitario, casi que únicamente. Entonces, los temas interseccionales se habían ido quedando de lado. El tema de reconocer los privilegios socioeconómicos y la burbuja en que vivimos algunos de los activistas, hombres gays, había sido muy complejo asimilarlo”, dijo Durán.

Esto no es exclusivo de Costa Rica. En Argentina, después de que se aprobó el matrimonio igualitario, las concentraciones de personas LGBTI+ en manifestaciones se vieron reducidas. “Una vez que los gais y las lesbianas pudieron adquirir su derecho al heteronormado casamiento, ya la diversidad no tenía tantas siglas o el colectivo se dividió en individualidades. No creo que se hayan desmovilizado, se puso en relevancia que incluso cuando hablamos de un colectivo LGBTI+ las individualidades muchas veces predominan, y eso es realmente triste”, me dijo Lucas Fauno, activista en ese país.

En el caso costarricense, es importante reconocer que, hasta cierto punto, los hombres gais que hemos participado en momentos en el activismo estamos en una posición de privilegio. Vivimos en la Gran Área Metropolitana, tenemos cierto nivel socieconómico y de estudios que no se corresponden con la mayoría de la población LGBTI+ del país, mucho menos con quienes residen fuera de la GAM. No entender esto nos llevó a una gran sorpresa en 2018. Creer que eso solo fue un susto, que ya todo está ganado, y no reconocer la necesidad de posiciones solidarias e interseccionales podrían concretar la pesadilla en 2022 o en cualquier otro momento.

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